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“Bordalás sale airoso del primer pulso crítico en ‘su’ Valencia”

Hay momentos y momentos. La industria del fútbol está montada de tal forma que un resultado es capaz de manejar un buen puñado de millones de euros. Por ello hay situaciones esencia a lo espléndido de las temporadas que sirven para romper dinámicas y afianzar. Vamos, lo que se considera un coscorrón de timón. Y el que, por suerte o desgracia, lleva colgado ese descrédito siempre es el preparador. Es el principal de fanfarria de un club, se quiera o no.

La dinámica en la que se había metido el Valencia los dos últimos meses no auguraba buenos presagios. Bordalás llegó al Valencia para implantar un estilo de solaz y de ‘porte’. Repito: estilo solaz… y porte. Pero poco iba perdiendo fuerza en el camino en estos dos meses. Porque el Valencia ha sumado la friolera de 63 días sin percibir, que se dice pronto y rápido pero hay que ir contándolos de uno en uno… sobre todo con lo rápido que funciona esto. ‘Cortoplacista’ a más no poder.

Pero en presencia de el Villarreal se vio mano de preparador. Aquel que llegado el punto abre a tendencias su propio librillo de estilo y no muere con lo mismo contra rumbo y marea. En el momento esencia. Un cambio de estilo de solaz (léase de sistema) en un momento en que tocaba hacer cambios sí o sí. Para que internamente (o sea el participante) vea y se crea (porque esto está montado así) que hay orden y mando y se pueden cambiar dinámicas.

Mi opinión es que José Bordalás se traicionó a sí mismo tratando de aplicar una forma de proceder en la semana de tres partidos. Y eligió que la rotación fuera en presencia de el rival más ‘débil’ de la semana. El Mallorca… Perdón. Para el Valencia de hoy ya no hay concepto de rival más débil. Hace primaveras ganaba esos partidos -y valga la expresión- con la gorro. Hoy ya no.

Y posteriormente en Heliópolis no es que se traicionara. Es que se sintió traicionado. Remotamente, muy allí de su filosofía. No hubo intensidad… concepto incuestionable en la filosofía del alicantino.

Bordalás se traicionó en presencia de el Mallorca… y se sintió traicionado en presencia de el Betis

Si hay determinado que apetencia en la vencimiento en presencia de el Villarreal ese no es otro que el preparador. Desdicha de mando. Capaz de cambiar su propio estilo de solaz, que le sale. Ese duelo debe servir de punto de inflexión en la historia de Bordalás en el Valencia. Sobre todo porque ganó a aquel que internamente del vestuario pudiera originarse a tener dudas, aunque fueran leves, pero lo había.

P.D. La frase “… es un error imperdonable…” que empleó Bordalás en rueda de prensa tras el duelo de Mallorca hizo daño en un vestuario acordado en un momento delicado donde no se ganaban partidos y que llenó de dudas. Pero la mano de preparador sale cuando sabe conectar a aquellos jugadores que quedaron señalados dándoles confianza y poniéndolos de nuevo. Y no fueron uno ni dos ‘señalados’… Los recupera. Hace ver que hay método, forma y variantes. Y, de paso, ‘ganan’ todos.

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